
No puedo evitar que me persigan los panaderos. Los peluditos, esos pequeñitos y blancos, que parecen insignificantes, pero no lo son. Por momentos me siento encapsulada en una burbuja de magia, pero tengo la certeza de que alguien los envía. Y se que ese alguien tiene miles, quizá millones de cómplices al cuadrado, conspirados para hacer un sinfin de atrocidades, aunque debo aceptar que el envío de panaderos es el mejor de sus gestos.
Algunos pensaran que no es nada, o un síntoma mas de la locura que florece por momentos. Pero si, si es, es ese segundo de quietud que se siente al verlo pasearse pomposamente ante mis ojos, es el sentimiento de vacío (pero de vacío regosijantemente confortable), es el mundo que se detiene, es el secuestro de mi pensamiento, es la sonrisa en respuesta.
Ete aqui la cuestión de como hacer después para no pensar en él, en ese alguien que los manda, como evitar buscarlo entre las sombras, revivirlo en los sueños, si me manda panaderos.
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